miércoles, 20 de noviembre de 2013
Depresión economica
"Eso que denominamos depresión es precisamente el proceso liquidatorio de los errores del auge, readaptación de la producción a los deseos de los consumidores" Ludwig von Mises
Efectos de la expansión crediticia
"La expansión crediticia empobrece a la gente. Habrá quienes sepan aprovechar la coyuntura para enriquecerse; personas cuyo razonamiento no ha ofuscado la histeria general y que han sabido aprovechar las oportunidades que la movilidad del inversor les brindaba. Otros, sin mérito personal alguno, también saldran favorecidos simplemente en razón a que las cosas por ellos vendidas se iban encareciendo antes que las que compraban. La masa mayoritaria, sin embargo, pagará integramente en su carne el inmoderado consumo y la torpeza inversora del episodio inflacionista". Ludwig von Mises.
martes, 19 de noviembre de 2013
Nuestras golondrinas
Nuestras Golondrinas
25-07-12
Nos
vinimos, mi mujer, mi hijo y yo, a vivir a esta casa de Láchar en
los primeros días de Marzo del año 2007. Unos días más tarde, a
mediados de Marzo, unas golondrinas empezaron a hacer su nido en una
parte del patio que está techada y que se usa como cochera. No tengo
constancia de que con anterioridad las golondrinas hicieran su nido
en este sitio, pues la casa estuvo dos años cerrada y, cuando
nosotros tomamos posesión de ella, no había rastro de nido alguno,
por lo que es de suponer que las golondrinas vinieron con nosotros.
Desde el
primer año, 2007, hasta el actual, 2012, han venido entre el 20 de
Febrero y el 20 de Marzo, o sea, con un mes de diferencia,
dependiendo del año. Supongo que esto debe estar relacionado con la
climatología. Este año el invierno ha sido aquí muy seco. Ha
llovido muy poco. Quizás el atraso de un mes en este 2012 en el
retorno de las golondrinas se debiera a dicha escasez de lluvias y
que, por tal motivo, a finales de Febrero todavía no había
suficiente comida para ellas, por lo cual retrasaran su llegada hasta
mediados de Marzo.
En estos
cinco años anteriores siempre habían hecho dos puestas, la de
Abril-Mayo y la de Junio- Julio, teniendo en todas ellas cinco crías.
En la puesta de Abril-Mayo se suelen salvar un mínimo de tres crías,
a veces hasta las cinco. Sin embargo, en la segunda puesta, estoy
convencido de que es por el extremo calor, suelen morir un mínimo de
dos; ha habido años que sólo salió adelante un solo polluelo en
esta segunda puesta.
Pero este
año han ocurrido dos cosas muy curiosas: la primera, que las
golondrinas han venido más tarde que nunca, a finales de Marzo, y
que estuvieron un mes sin intentar hacer el nido (que todos los años
han de hacer de nuevo, pues la humedad de todo el invierno hace que
al final se caiga).Y segundo, que cuando al final se pusieron a
anidar, resulta que lo intentaron hacer en un sitio diferente al de
otros años, nada más y nada menos que justo encima del brazo de la
parte izquierda del portón de la cochera que se mueve cuando dicho
portón se abre o se cierra. Lógicamente la base del nido se movía
cada vez que tenía que meter o sacar el coche y, consecuentemente,
tenía que abrir y cerrar el portón. Así que a la cuarta o quinta
vez que abría y cerraba el portón, la mitad del nido se caía.
Me da
mucho que pensar sobre la inteligencia de las golondrinas el hecho de
constatar como dichas aves intentaban recomponer el nido, una y otra
vez, no siendo conscientes de que ese no era el sitio apropiado para
construir su nido.
Viendo yo
que así nunca iban a terminar su nido y poner sus huevos, decidí
poner en dicha parte del portón unos trapos ocupando el espacio
donde ellas iban depositando y pegando la tierra. Cual no fue mi
sorpresa cuando vi que entonces empezaron a pegar la tierra justo en
el lado derecho del portón encima del brazo que lo mueve, o sea,
justo en el mismo sitio del portón solo que esta vez a la derecha
por lo que estaba garantizado que el nido seguiría cayéndose poco a
poco cada vez que el portón se abriera y cerrara. Quité los trapos
que había puesto en el lado izquierdo y los puse en el derecho donde
ahora estaban intentando construir el nido. Esta vez mi sorpresa fue
mayúscula pues comenzaron nuevamente a construir su nido en el lado
izquierdo. Yo ya no sabía qué hacer, pues estaban pasando los días
y las semanas, y la pareja seguía sin nido. Ya en el mejor de los
casos sólo les daría tiempo a poner sólo una puesta. El nido en la
parte izquierda volvió a caerse una vez más, pero ellas seguían
impertérritas con su construcción. Entonces pensé que tenía que
hacer algo si quería ver este año también volantones en mi patio.
¿Qué se me ocurrió? Bueno, pues una cosa muy sencilla: poner una
pelotita de goma de mi hijo entre el brazo que abre y cierra el
portón y la pared, o sea, justo donde ellas hacían la base del
nido. Como la pelotita quedaba fuertemente firme entre el brazo y la
pared, ya tenían las golondrinas firmeza en la base de su nido y no
se caería más. Ahora sólo hacía falta saber que los pájaros no
vieran algo extraño en este hecho y ello los espantara del lugar.
Pero no. Comenzaron inmediatamente a hacer su nidito justo encima de
la pelotita de mi hijo.
Como
consecuencia de que las golondrinas hayan venido casi un mes más
tarde y también las dos o tres semanas perdidas en la construcción
del nido, este año sólo han hecho una puesta y además con un huevo
menos, cuatro, pero todos han salido adelante por lo que por primera
vez, en el sexto año, no he tenido que lamentar el ver un guacharro
en el suelo muerto o ya sin esperanzas de salvación.
He de
decir que cada vez que han tirado o se ha caído un guacharro del
nido, pues esto no lo sé, yo lo he vuelto a poner en el nido si
todavía estaba con vida; pero o se volvía a caer o lo volvían a
tirar sus padres o hermanos, por lo que al final terminaba muriendo.
En una ocasión el guacharro estaba tan crecido, a punto de volar, y
habiendo caído del nido ya una segunda vez, lo cogí y lo tuve en
casa tres días dándole de comer, y parecía que podría sobrevivir,
pues abría el pico cada vez que me sentía o veía. Le daba diversos
bichos y moscas que encontraba por el suelo, y también trocitos de
sandia que tragaba con avidez. Pero en la mañana del cuarto día,
cuando después de levantarme fui a verlo, observe que estaba sin
fuerzas, sin moverse a penas, y ya no quería comer. Tuve que
sacrificarlo.
Posiblemente nunca sepa se realmente se caen del nido, o son tirados
por sus hermanos o progenitores. Aunque pienso que ocurren las tres
cosas. De todas formas una vez, concretamente el año pasado, fui
testigo de cómo uno de los progenitores tiró a una de sus crías
hasta tres veces seguidas del nido. Ocurrió de la forma siguiente:
salí yo al patio a hacer una determinada tarea cuando vi una cría
en el suelo debajo del nido (he de decir que los nidos están a una
altura de unos tres metros, por lo que las caídas no tienen que ser
forzosamente mortales). Observé que el pajarito estaba ya muy
crecido, teniendo ya bastante plumaje. Como al acercarme yo a él
enseguida abrió la boca en señal de que quería comer, pensé,
pues, que físicamente estaba bien y que no se habría hecho mayor
daño al caer o ser tirado del nido, tras lo cual lo subí y lo
asenté nuevamente junto a sus hermanos. Me senté en una hamaca que
estaba a unos escasos cuatro metros del nido y al no quedar excluido
de mi campo de observación, comencé a ver lo que pasaba. Quería
tener la constancia de si los padres seguían dándole de comer si es
que habían sido los hermanos los que lo tiraron del nido o si, por
el contrario, no querían saber nada de él y lo volvían a tirar del
nido. Esto último fue lo que ocurrió. Fui testigo de cómo uno de
los progenitores lo cogió del pico y lo volvió a tirar al suelo.
Yo, ni corto ni perezoso, volví a cogerlo y lo volví a depositar en
el nido, tras lo cual volví a sentarme en la hamaca para seguir
observando lo que a continuación ocurriría. Cinco minutos más
tarde cuando la madre o el padre volvieron para dar de comer a los
guacharros, y viendo que nuevamente el que había sido expulsado del
nido estaba nuevamente en él, volvió a cogerlo del pico y con un
brusco gesto volvió a tirarlo del mismo. Yo no me di por vencido, y
aunque ya fuese por testarudez, volví a poner al pobre pajarito, que
a estas alturas debía estar ya súper estresado, en el susodicho
nido, volviendo a sentarme en la hamaca aunque esta vez ya temiendo
lo peor, y es que volvieran a tirarlo. Si, si, volvieron a tirarlo en
cuanto uno de los padres volvió a darles nuevamente de comer a los
hermanos. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando esta vez me lo
tiraron a mi encima de la cabeza, como dándome a entender que no lo
pusiera más en el nido, que estaba condenado a morir. A este también
tuve que sacrificarlo. Ya con anterioridad habían tirado dos crías
más del nido por lo que al final sólo quedaban dos guacharros. ¿Y
qué ocurrió a continuación? Pues una cosa insólita y que no había
observado nunca. Los padres tiraron literalmente del nido a los dos
pajaritos restantes; pero esta vez no por que quisieran desentenderse
de ellos, sino para seguir dándoles de comer en el suelo, pues al
parecer en el nido el calor era tan sofocante que vieron que tampoco
estos dos últimos retoños podrían sobrevivir si seguían en él.
Así que los tiraron al suelo y los padres hicieron que se pusieran
al pie de una rueda de bicicleta en donde estuvieron, uno, cuatro
días, y el otro, cinco días, subiendo y bajando por dicha rueda y
haciendo sus prácticas con las alas, hasta que al final remontaron
el vuelo. Los padres estuvieron dándoles de comer y cuidando de
ellos prácticamente delante de mis narices pues yo tenía que pasar
con frecuencia cerca de ellos. Creo que pocas veces unos pájaros en
libertad han criado a sus vástagos tan cerca de un ser humano.
Estoy
totalmente convencido de que la causa de que los progenitores no
quisieran seguir dándole de comer a los que tiraron del nido, fue el
inmenso calor imperante por aquellas fechas, pues justo por esos días
tuvimos una ola de calor africano de esas que no te dejan fuerzas ni
para respirar. Como apunto arriba, he observado que cuando esto
ocurre el número de crías que no sigue adelante es mayor que cuando
el clima es más templado.
Pero para
mí lo más desconcertante y lleno de interrogantes es el hecho de
que en todos estos años que han venido a mi patio, hayan construido
siempre un solo nido. Nunca más de uno. En estos seis años han
tenido algo más de treinta crías y, sin embargo, como apunto, nunca
han pasado de construir más de uno. No sé si son los mismos los que
han levantado el nido todos los años o si, por el contrario, son
algunos de los hijos, pero es realmente sorprendente que después de
tantos años y tantas crías no hayan pasado de construir más de un
nido. Sitio hay más que suficiente y, tranquilidad y sosiego,
conmigo y mi familia la tienen asegurada.
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